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Transpirenaica corriendo Vol. I: Pirineo central

Diseño sin título

¿Cuántas veces hemos oído hablar de la ruta transpirenaica?, alcanzar el mar Mediterráneo partiendo desde el Cantábrico o viceversa, a través de la salvaje orografía que supone la cordillera Pirenaica, es una experiencia con la que sueñan cada vez más personas. La transpirenaica está llena de vivencias, de paisajes, de personas con una interesante historia que contar y por supuesto, de soledad.

Mi experiencia consistió en recorrer la parte central de la ruta, es decir, la parte aragonesa. Desde occidente hasta oriente, desde Zuriza en frontera Navarra hasta la Cataluña más occidental.

Un recorrido abrupto de 200 km y 12000 m de desnivel positivo, a través del GR11. Finalmente, esta aventurilla me llevó 4 días y 3 noches en la primera quincena de Julio.

EL COMIENZO DE LOS TIEMPOS

Retrocedamos en el tiempo. Corría el año 1994 cuando de repente… nací, espera! Allí no, un poco más tarde.

Año 2016 en Sabiñánigo (Huesca). ¡Ahora sí, esta fecha la recuerdo mejor!.

Tras verme atrapado en un año sabático en el pueblo, sin saber que hacer y sin la agradable compañía de los amigos que me habían acompañado toda la vida (todo el mundo se va a estudiar fuera), aprendí a conocerme un poquito más. Descubrí que estar solo no está tan mal y que los senderos de los alrededores de casa eran el escenario perfecto para disfrutar de un tiempo libre que sin aficiones podría ser eterno. Fue entonces, y gracias a la influencia de mi padre cuando comencé a correr.

Resulta duro las primeras veces, sobre todo en las subidas. Pero la curva de aprendizaje en los comienzos tiene un crecimiento brutal y cuando quise darme cuenta, podía subir corriendo todo el desnivel del monte de San Pedro y Santa Orosia (las montañas que me han servido de terreno de juego y entrenamiento durante los 7 años que llevo corriendo), eso te vuelve un poco adicto y hace que la pregunta ¿y porque no?… empiece a cobrar sentido.

La transpirenaica corriendo comenzaba a ocupar un especio en mi cerebro, pero para poder llevar a cabo dicha empresa tenia que aprender muchas cosas, más bien, tenía que aprenderlo todo.

Durante mi vida deportiva, la montaña y la compañía, sea corriendo, esquiando o escalando, me ha dado la experiencia y el conocimiento para poder hacer entre otras cosas la aventura que ahora os narro.

LA RUTA

DÍA 1

6 am de un martes de Julio, camping de Zuriza. Las dudas empiezan a ocupar mi cabeza, ¿llegaré hasta Panticosa? Nunca he corrido más de 50 km y solo hoy me tocan 65 km. Bueno… he estado entrenando para esto, solo tengo que mantenerme bien hidratado y nutrido. Y que narices, esta es la mierda que he elegido así que a disfrutar de ello.

Comenzamos…, pasan los minutos, las horas, el día clarea hasta que el ardiente sol de Julio me da en la cara cuando estoy a punto de alcanzar el primer collado, Petraficha a 1958 m, entre el valle de Ansó y Hecho. El fresco aire de montaña me relaja y me anticipa que a pesar de la ola de calor voy a estar fresco.

La estrategia en las largas distancias es clave y lo que me funcionó para mantener a la cabeza en su sitio fue asumir pequeños objetivos durante cada etapa. Por ejemplo, alcanzar el final del valle de Aguas tuertas en x horas o ascender ese collado antes de las 13:00 o cualquier cosa que se me ocurriera, al final si algo tengo en este momento es tiempo para pensar. Psicológicamente, también ayuda premiarse con un trocito de barrita energética o una golosina cuando los pequeños objetivos se cumplen. Al final, para aguantar tantas horas conmigo mismo que mejor plan que mantenerme contento y motivado.

Resulta curioso hacer distancias en línea recta, el paisaje cambia sobremanera y mirar hacia atrás y ver esas montañas tan lejanas, bajo las cuales estuviste hace tan solo un rato, te hace sentirte un superhombre. También es verdad que se pierde un poco la noción del tiempo y con el paso de las horas pasas de contar la distancia en km y desniveles a contarla en valles y collados. Creo que eso al cerebro le gusta más.

Pasan los días y las distancias, comienzan los dolores de rodilla y la fatiga se acentúa, me doy cuenta de que el entrenamiento de buscar la comodidad en la incomodidad es un arte y que el cuerpo no va, si no lo acompaña la mente. Pasan los días…

La primera etapa fue desde el Camping de Zuriza hasta Panticosa, 65 km, un montón de horas y una sobrecarga en las piernas que, solamente con pensar en lo que me quedaba se me nublaba la mente. Esta etapa se terminaba con la con la vuelta a casa de mis padres en Sabiñanigo, dónde una buena cena cargada de carbohidratos y proteínas ponían mi cuerpo a dar palmas de alegría. Así como la compañía de mi buen amigo el Foam Roller para masajear mis músculos fatigados y un largo sueño de 8 horas en mi cama de siempre. Viva el entrenamiento invisible.

DÍA 2

6 am del miércoles, día 2. ¡Valla, pero si voy fresco… ¡, la soledad y las vistas de la gran muralla rocosa que se eleva en el rincón del verde me deleita con las luces del amanecer y me hace sentir especial, ¿de verdad soy el único afortunado en disfrutar de este espectáculo?

La etapa que me aguarda es la más dura pero la más especial. 60 km, Panticosa-Bielsa y como referencia, los tiempos de mi padre, cuando realizó esta misma etapa 2 años antes que yo. Para la buena marcha debería de estar a las 17:00 h en Goriz.

Vamos a hablar de nutrición y minimalismo, me quedé sorprendido del poder que tiene media tostada de carne de membrillo con queso. Quien me iba a decir que en pocos minutos iba a pasar de ir deambulando cual zombi salido de The Walking Dead a correr enérgicamente como si fueran estos los que me estuvieran persiguiendo. La comida es necesaria para tirar, pero tampoco mágica y es el entrenamiento el que hace que puedas rendir, una cosa va con la otra y tener el metabolismo adaptado a consumir grasas de manera eficiente son horas de vuelo. Otro descubrimiento gastronómico del mundo del outdoor fue la ración de pasta con tomate envasada al vacío, nunca antes se me había ocurrido que transportar tanta energía ocuparía tan poco espacio en la mochila. Eso sí, cómetelo rápido.

Volvamos a la ruta. Panticosa, Collado de Otál, Bujaruelo y a las 13:00 h en lo alto del puerto de Bujaruelo, bajo la imponente cara norte del Taillón una tostada de membrillo con queso y hasta Serradets. ¡Tampoco vamos tan mal! La brecha de Rolando siempre es un espectáculo, mejor dicho, Ordesa siempre es un espectáculo. La inmensidad de roca calcárea blanquecina y el terreno kárstico te transporta a un entorno casi extraterrestre, los sarrios mantienen su distancia en un entorno que saben que les pertenece y graznido de las chovas piquigualdas, para mí, es sin duda, el sonido que representa la alta montaña pirenaica.

Continuamos la marcha, los fuertes rayos ultravioletas de un sol de justicia golpean el paisaje y todo rastro de vida que allí se encuentra. De repente, veo una persona corriendo a lo lejos, dirigiéndose a la misma dirección a la que yo me dirijo, pero desde otro punto. Cuando nos juntamos… ¡Anda!, pero si yo te conozco, es Yaiza y nos conocimos una semana antes, en la punta de la Moleta en Canfranc.

Compartimos unos kilometros, buena conversación y un poco de tiempo hasta llegar Goriz, gracias por darme alas, hacia muchos km que no hablaba con nadie. Aquí se separan nuestros caminos y para mi sorpresa… son las 15:00h, voy 2 horas por delante de mi tiempo de referencia, eso me alegra, pues con seguridad llegaré a Bielsa de día.

El sendero que va de Goriz al collado de Añisclo es espectacular, bajo mis pies se abre el imponente cañón de Añisclo y el terreno expuesto de trepadas y acantilados me mantiene atento hasta alcanzar mi pequeño objetivo, ¡Pineta!. Cuando parecía que la etapa la tenía hecha, el duro descenso del collado hasta el refugio me machaca las rodillas, la autoestima y la motivación, el hombre del mazo estaba susurrándome en la oreja, pero eso ya lo sabía. Así que… Cargar pilas en el refu y a Bielsa, los 10 km más agónicos de toda la aventura, por asfalto y en bajada. Quien me lo iba a decir.

DÍA 3

8am, comenzamos…, las piernas parece que están oxidadadas, y me cuesta unos 5 km hacerlas funcionar. Comienza la subida por el valle de Ordiceto china-chana hasta que me doy cuenta de la importancia que tienen los bastones, la verdad es que nunca antes había llevado y valga la redundancia, no solo son un punto de apoyo físico, también son un punto de apoyo moral, y es que he estado a punto de ponerles nombre propio.

A las 11 am, me encuentro en el collado, descansando, comiendo algo y manteniendo una agradable conversación con dos personas que estaban viviendo su ruta. Me encanta ver el bien estar que genera la montaña en las personas, aunque te duelan las rodillas, es algo así como terapéutico. Hace un día tenía al alcance de mi mano el monte perdido y ahora su lugar lo ocupa el Possets, algo hay en el aire que ya se intuye el final. El paisaje aquí cambia sobremanera, pues la geología es diferente, las rocas metamórficas dominan ahora el terreno. Llego a Viadós y cuando me quiero dar cuenta estoy alcanzando el collado del puerto de Chistau.

A continuación, refugio de Estós y llego a mi destino del día, Camping Aneto en Benasque. Finalmente cumplo con una tercera etapa de 45 km. Con un baño en la piscina del camping y una cerveza fresca casi puedo tocar Cataluña con la punta de mis dedos y es que después de todo solo se encuentra a 28 Km.

DÍA 4

Me despierto como me acosté, tirado sobre el césped del camping, con no más abrigo que mis mallas y camiseta térmica, un saco sabana y la manta térmica para emergencias a modo de edredón. Esto del minimalismo es un poco austero en verdad.

Arrancamos…, primer pequeño objetivo del día, llegar al refugio de pescadores en Vallibierna, bajo las faldas de la cara sur del Aneto. Cumplo el objetivo y le doy a mi cerebro lo que busca, una barrita sabor plátano que lo llena de glucosa.

Hidratación, el agua del rio resulta tentadora, en teoría no se debe beber, más aun en verano cuando las vacas pastan las praderas por encima del rio, sé que la gastroenteritis acecha por estos paisajes, pero dadas las circunstancias me da igual, si es que para lo que me queda en el convento… pues eso, literal. Al final todo va bien, cumplo con mis necesidades hídricas y puedo continuar… pero espera, que esto de la hidratación no es tan simple. Te cuento, si por alguna razón creo que este proyecto ha sido posible ha sido gracias a tomar de manera frecuente capsulas de sales minerales acompañadas, evidentemente del agua que llevaba, bien sea de fuentes o ríos. El autoconocimiento de mi cuerpo y el ser consciente de mis sensaciones ha sido clave para anticiparme en todo momento y saber cuándo hidratarme o nutrirme.

A sí.., la ruta, claro. Ahora me encuentro en el collado de Llauset, el refugio, del mismo nombre a mis pies y Cataluña en el horizonte. El refugio goza de tranquilidad al medio día, imagino que todo el mundo está disfrutando del campo, así que paro y me tomo un Acuarius. Corroboro mi teoría de que en la montaña los refrescos saben mucho mejor, tras este pequeño placer es la hora de cruzar la frontera.

El paisaje cambia progresivamente a medida que bajo a través de un largo descenso por los montes del pueblo de Aneto hasta el pueblo del mismo nombre dónde paro el Track y me pregunto ¿Ya está?….

Resultan curiosos los finales, porque al final del camino no hay nada, no pasa nada, no has cambiado nada, pero lo has hecho todo.

ETAPAS, DISTACIAS Y DESNIVELES

  • Etapa 1: Zuriza-Panticosa (65 km, 3304 m d+ 3346 m d-)
  • Etapa 2: Panticosa-Bielsa (62 km, 4094 m d+ 4243 m d-)
  • Etapa 3: Bielsa-Benasque (46 km, 3183 m d+ 2972 m d-)
  • Etapa 4: Benasque-Aneto (28 km, 2097 m d+ 1962 m d-)

MATERIAL

Debido a la época del año (principios de julio), en plena ola de calor y con una previsión sin tormentas, el material utilizado fue el siguiente:

  • Mochila Black Diamond Distance 15l.
  • 2 bidones de hidratación de 500 ml silicona (uno de ellos me sobró), los guardaba dentro de la mochila, pues en el portabidones de la mochila no cabían.
  • 2 bidones de 500 ml de agua de toda la vida. Perfecto para los portabidones de esta mochila.
  • Chaqueta impermeable-cortavientos 10000 mm columna de agua.
  • Camiseta térmica y mallas largas.
  • Manguitos.
  • Guantes finos.
  • Gafas de sol, crema factor 50.
  • Forntal con batería y pilas.
  • Manta términa («ideal» para pasar la noche a la intemperie.
  • Esparadrapo, gasas y papel higiénico.
  • Cepillo y pasta de dientes (bote pequeño), liquido de lentillas y lentillas.
  • 1 camiseta, 1 mallas cortas.
  • Bastones.

Alimentación e hidratación

La clave del éxito en una travesía de este tipo, en mi caso radica en la alimentación e hidratación. Esta no habría sido posible sin la suplementación constante de capsulas de sales minerales a lo largo de toda la ruta, más aún en plena ola de calor. El aporte de agua lo cogía de fuentes naturales que me iba encontrado, arroyos en altura dónde me aseguraba que no hubiera ganado por arriba de los mismos y en momentos de desesperación y jugándome una gastroenteritis, del propio río de montaña (considero que tuve suerte en este sentido).

El aporte energético que iba suministrando al cuerpo a lo largo de cada jornada era de hidratos de carbono en forma de dátiles, pequeños bocadillos de carne de membrillo y alguna barrita que usaba a modo de premio por el trabajo bien hecho. Disponía de algunos geles con cafeína, por si tenia una pájara (finalmente solo usé 2, aunque no tuve ninguna pájara).

  • 1l, 500ml de agua.
  • 2 botecillos pequeños llenos de cápsulas de sales (en la foto, a la derecha del frontal).
  • 1 bolsa con dátiles y nueces.
  • 1 aguacate envasado al vacío en dos mitades (solo aproveché uno, el otro se puso malo)
  • 2 raciones de pasta envasada al vacío (hay que comérselo rápido)
  • 4 barritas grandes y 5 pequeñas, 4 geles con cafeína y una ampolla de glucosa.

 

A lo largo del recorrido pasé por algunos refugios y pueblos dónde aproveché a comer bien para cargar pilas. Estos lugares fueron Refugio de Bujaruelo, Bielsa y camping Aneto en Benasque.

 

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